El legado de Octavio Paz, ¿una marca comercial?

No. 71, ENSAYO:

Javier Aranda Luna

Redacción de Plural, en marzo de 1975. De pie, de izquierda a derecha: Tomás Segovia, Gabriel Zaid, Marie-José Paz, Alejandro Rossi, José de la Colina y Salvador Elizondo. Sentados: Octavio Paz, Juan García Ponce, Michelle Albán y Kazuya Sakai

Los archivos de las revistas Plural y Vuelta termi- naron en la Universidad de Princeton.

Cuando le pregunté a la viuda de Octavio Paz en cuánto los había vendido se ofendió. Me dijo que buena parte de los archivos que tenía en su departamento se habían quemado como habíamos visto ella misma, Octavio Paz y el que escribe cuando en el hotel Camino Real abrimos las cajas con libros y documentos chamuscados que la propia Marie José había recogido entre los escombros de su departamento de Reforma y Guadalquivir.

La Biblioteca Nacional restauró algunos libros y otros sólo fueron un montón de cenizas. Quedaron también, sin embargo, documentos y notas que el poeta había intercalado entre algunos libros.

Debo decir que, por fortuna, el poeta hacía varias copias de sus cartas. Gracias a ello Marie José pudo publicar varios tomos de la correspondencia del poeta con escritores como Alfonso Reyes, Tomás Segovia y, recientemente, con Jaime García Terrés.

Ahora que Marie José Paz, heredera universal de Octavio Paz, murió sin dejar testamento, convendría que la actual Secretaría de Cultura y el equipo de transición del gobierno del presidente electo Andrés Manuel López Obrador tomen cartas en el asunto y manifiesten su voluntad para que el legado de Octavio Paz sea patrimonio de la nación. Eso podría evitar que quede en manos de quién sabe y que con argumentos leguleyos pretendan adjudicarse el que fuera el legado de Octavio Paz.

Importan sí los departamentos de París, de Polanco, y los dos de Guadalquivir y Reforma. Pero importa más para el país, me parece, su archivo y los derechos de sus obras que constituyen el verdadero legado del poeta que toda su vida llevó en la frente la X de México.

No estamos para mezquindades de a qué gobierno corresponda el mérito de declarar el legado de Octavio Paz patrimonio de la Nación.

Sería lamentable que su nombre se convirtiera en una marca comercial, y los derechos de sus obras en objeto para lucrar.

Creo, como Elena Poniatowska, que los archivos deben permanecer en el país en el que vivieron los escritores que los hicieron.

Si salieron al extranjero los archivos de Plural y Vuelta sin, al parecer, el consentimiento por escrito de Marie José Paz, sería lamentable que el resto del patrimonio documental de Octavio Paz termine en una universidad de Estados Unidos, española o donde pudieran pagarlo mejor.

La democracia nos ha permitido construir instituciones capaces de resguardar ese patrimonio en beneficio de todos los mexicanos.

 

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